Un sábado me tincó ir a intrusear a mi prima marce que pituteaba de animadora infantil en un kinder.

Al irse los pendejos, me colé por el portón  y asomándome piola por una de las ventanas de la sala la vi. Estaba la marce producida  como la pequita del jappening pero mas sensual al igual que su amigui la mary, encajadas en vestidos pa’ pendejas con escotes que apenas les atajaban los tetámenes.

En eso aparece la voluminosa y tecla tía laura que llenó los vasos pa’ cumpleaños con copete, brindaron y tomándoselos al seco, las risueñas guagualonas se sacaron los churrines largos y quedaron con unos chiquiturris chones con monitos que marcaban sus hinchadas arvejas y resaltaban los carnudos muslos.

Escondiéndome en uno de los baños de los pitufos, aguaité a las dicharacheras minas que salieron al patio a tirarse por el resbalin montadas una en la falda de la otra, abiertas de patitas, siendo filmadas por la tía que captó el momento en que la marce trató de levantarse del regazo de la mary y no pudo al tener pegada la entrepierna de su calzón al frontis de la tanguita de su amigui.

Como ambas mancharon de humedad los chones, se los sacaron, descubriendo que se habían afeitado la niña para no desentonar con sus encintados moños y caritas de muñecas.

Casi que me voy cortado al contemplar a mi prima que se columpiaba metida en el neumático abierta de patitas mientras echaba la corta, salpicándole de meado el rostro y boca a la mary, quien metió la cara entre las piernas de la marce pa’ comerle el chumino y hacerla gemir de calentura.

Después le tocó gozar a la Mary que giraba en el tiovivo con las patitas al hombro y en cada vuelta la atajaba mi prima a catarle el marisco, llegando la marce a bramar dentro de la caverna de su amigui al estar en cuatro patas recibiendo el embute de un palitroque por la zanja, cortesía de la camarógrafa Laura.

Al irme cortina pensé  en virarme del jardín, pero al oír a las minas meta risa adentro de la sala me quedé a seguir sapeándolas.

Allí  encontré a las guagualonas todas chochas con babero y chupeteando mamadera muy acomodadas en unas especie de sillas pa’ comer con los pálidos tetámenes fuera del escote descansando sobre la bandeja y apoyando sus albos y crecidos traseros sobre los ahuecados asientos que por debajo llevaban metida una bacinica.

Cuando parecía que el tortilléo se había funado, apareció la tía muy dicharachera tomada de ambos brazos por un par de bien dotados compadres en zunga y cubriéndose las caras con máscaras pa’ cumpleaños.

La tecla agarró la filmadora y principió la orgía, arrimándose el mulato con la huasca en ristre a la boquiabierta marce que se puso a mamarle como desesperada el vergón para no ahogarse a medida que él la agarraba de los moños, logrando que se la tragara hasta las pelotas.

La Mary prefirió hacerle una rusa a su semental, alojándole los huevos entre las ubres y con la cayuya le echaba pa’ atrás el forro y dándole besucones en la callampa, terminó engulléndola hasta las amígdalas.

Los pailones no tardaron en descargarse y las guagualonas quedaron pochitas enseñando a la cámara sus máscaras faciales de chuño y provocándose arcadas se vomitaron sobre las tetazas la maizena que habían chupeteado de las mamaderas.

La escena provocó que almidonara los slips y cuando creía que la chifladura del guaguatéo ya no daba pa’ más, cada play boy sacó en brazos a su baby de las sillas mientras les limpiaban con servilletas los popines, ya que ambas enmierdaron sus bacinicas.

Por un momento me urgí de ver a mi prima arriba de la pelota en tan brígida volada, pero hacía caleta que era mayor de edad y madre, y si lo estaba pasando happy no había drama…

Fuí a las casitas y cuando regresé a mirar, encontré a la marce empotada sobre el picoroco del mulato que le sancochaba el marisco, mientras inflaba un  gorrito de látex relleno con papilla y lo reventaba contra sus saltarinas tetazas,manchándose toda y aplaudiendo risueña entre sonoros chillidos de calentura.

Como no quería corrérmela otra vez dejé de sapear, al igual que lo haría el pololo de mi prima, que cacho ya le hubiera dado un ataque intestinal parado frente a la ventana.

Ansioso volví a mirar y esta vez los pailones tenían a sus guagualonas tomadas de los tobillos con las patitas abiertas y puestas a lo carretilla con las manos y cabezas metidas en unos andadores.

Entonces intervino en escena la tía, quién de antifaz y con cuchara en mano se acercó a los enchuñados rostros de las babys que se saboreaban.

¡No quería dar crédito a lo que veía! pero era cierto..la tecla recogió una cucharada sopera con excremento de la bacinica y se la acercó a los labios de mi prima, quien arrugó la nariz, pero luego de ver a la mary que langueteaba con ganas la feca mientras su amiguito le dilataba el chiquitín,la marce al cachar que se la iban a encular, abrió bien grande la boca y la tia le vació el cargamento de la cuchara.

Sin hacer  berrinche como buena niña, la marce degustó su colado marrón, enseñando risueña la enchocolatada lengua a la cámara, en tanto se paseaba en el andador sacudida por las embestida del mulato que le  buscaba oro negro por ditroit.

La cochinada acabó con las chanchitas dándose un amargo calugazo y mostrando a la cámara sus chorreantes y ensanchados ojetes.

Tiempo después pillé a la marce cambiándole los pañales a su sobrino y chupeteándo goloza la caca de guagua, lo que confirma que pa’ la tontera no hay remedio…

Autor: Pepe Nacho
Ciudad: Calama

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