Febrero 18th, 2010Entre dos.
Hoy me voy a arriesgar con este relato, lo digo porque es algo más inusual que los anteriores, ya que viví una experiencia nueva, sobretodo considerando la edad que tenía en ese momento. En fin, lo dejo a su opinión.
Cómo ya les había contado anteriormente, estaba enfrascada con la relación de pololeo y con la relación con mi compañero. Así pasé hasta cuarto medio, entre la pico de mi pololo y el pichulón de mi compañero. Ambas relaciones las manejaba yo, ya que ambos tenía edades similares a la mía y no tenían mayor experiencia sexual. La verdad es que sentía como que faltaba algo, pico tenía suficiente, pero me daba la sensación que mis parejas no eran lo suficientemente imaginativas. Mi pololo, por ejemplo, era buena persona, pero bien fome en la cama, él se creía la raja, como la mayoría, pero al final la falta de imaginación le pesaba por todos lados.
El caso, es que mi compañero me dio una sorpresa al acercarse a mí y contarme que él tenía un primo, al cual le había contado que estaba teniendo una relación con una compañera y que esta compañera engañaba a su pololo, que era otro compañero. No me pareció mal que le contara, de hecho me dio lo mismo, aunque no debo negar que me sentí puta, por el puro hecho que hablaran así de mí. Luego que me contó eso, vino con la sorpresa, quería pedirme permiso para invitar a su primo a culiarme entre los dos. No voy a mentir diciendo que salté en una pata y que dije que sí altiro. Mi única experiencia con más de un chico, lo viví en el sur y no fue lo mismo, cuando era bien pendeja mis amigos se juntaban y les chupaba el pico. Pero esto iba a ser diferente, era tener sexo con dos pendejos. “Lo voy a pensar”, le contesté.
La idea de estar con dos pendejos me dio vuelta harto tiempo y decidí aceptar, porque consideré que iba a hacer más entretenida la relación. Como ven en esa época mi concepción moral no era de las mejores. Pasó como más de un mes de la propuesta y le dije a mi compañero que sí, que organizáramos juntarnos con su primo y viéramos que pasaba. Yo pensé que igual podía fallar, porque al ser cabros chicos, se podían cohibir al estar juntos culiando.
Quedamos para un sábado de juntarnos, me puse bien coqueta, faldita corta, blusita escotada, calzón metido en la raja y sostén apretadito. Iban a llegar como a las dos de la tarde. Pasada esa hora tocaron el timbre, miré por la ventana y vi una sorpresa que no esperaba: a mi compañero, acompañado de un tipo adulto, pensé que era su papá y me imaginé lo peor. Salí a abrir y, al entrar mi compañero me presentó a su primo.
La cara de huevona que debo haber tenido, debe haber forzado de sobremanera a que me preguntara que me pasaba, “es que me imaginé que tu primo era como de nuestra edad”. Se rieron ambos. El primo me dijo, “siento que este hueón no te haya aclarado”. “Pasen”, les contesté. Una vez adentro me porte cautelosa y yo creo que fue determinante para perder el control absolutamente.
“Es bien buena la mina que te estai culiando”, le dijo el primo a mi compañero. Se sentó al lado mío, se acercó, pasó el brazo por detrás de mi y muy cerca me empezó a hablar: “mi mujer no es así, es flaca, pocas tetas y poco poto, tú soy bien rica, buenas tetas, te voy a culiar bien culiá”, al decir eso, me calenté demasiado y empezó a agarrarme las tetas con la mano que tenía libre. Mi compañero tomó palco en el asiento de enfrente. “Sácate la ropa” me dijo. Como niña obediente, me saqué la ropa y quede en pelotas frente a un tipo que acaba de conocer. “Estay bien rica guatona culia”, me dijo. Yo no me encontraba guatona, pero no niego que me excito el trato despectivo hacía a mi, por otra parte, frente a su mujer, si era guatona. Cómo ven la cosa fue directo al sexo, no hubo mayores conversaciones ni nada, ellos tenían bien claro lo que iban a hacer.
Me corrió mano un buen rato y le dijo a mi compañero, “saquémonos la ropa”. Para mi, siempre era un placer ver el pico de mi compañero, así que me centré en observarlo mientras se desvestía. Como siempre, no me defraudó con su hermoso y enorme pico frente a mí, claro, que cuando miré para el lado, me di cuenta que la grandeza se hereda, el primo, tenía una herramienta gigante, además, como era más alto y macizo, se veía como pico de película porno. Se lo agarró y me pegó en la cara, “te gusta puta, ¿cierto?”, me dijo. Miró a mi compañero y le dijo, “a estas hueonas tetonas, lo único que les importa es el pico, mirá como le cuelgan las hueas de tetas, por eso la vamos a culiar bien culiá”. Se lo empecé a chupar, con las manos le agarré el poto y traté de meter lo más que pude en mi boca, lo saboree de manera pausada, disfruté sentir esa pichula de hombre en mi boca.
Sin embargo, las sorpresas no terminaron ahí, mientras se lo chupaba, me lanzó contra el sofá y me tomó del pelo, me levantó, grité y me dijo “¡donde está tu pieza, maraca!”. Le indique donde y a los tirones me llevó. Mi compañero por detrás me daba palmadas en el culo mientras me llevaban Me arrojó a la cama, me abrió las piernas y sin preliminares ni nada, me empezó a meter la pichula. No puedo negar que costó que entrara y que más de un grito de dolor se me salió, pero a la fuerza lo logró y empezó a darme como loco. La cama saltaba, yo gemía y mi compañero se subió encima mío y me puso en culo en la cara, me lo empezó a refregar, pero la verdad que me estaban dando tan fuerte que no fui capaz de chupárselo como correspondía.
Al rato de estarlo metiendo, se salió y le dijo a mi compañero que me la metiera, él se puso y mucho más delicado me la empezó a meter, sentí la diferencia y me di cuenta que me gustaba que me dieran fuerte. Mientras mi compañero me la metía, con mis piernas en sus hombros, el primo me agarraba y apretaba las tetas. A veces me daba cachetadas en las mismas tetas. La cara de ambos era de calentura extrema. El primo empezó a pasarme el pico por la cara y yo lo único que hacía era gemir. Mi compañero se salió y el primo me la volvió a poner y volvió la violencia, me daba, me daba y me la metía hasta el fondo. Se tiró encima de mí, me empezó a besar, a meter la lengua y me dijo “te voy acabar adentro puta”. Y sentí como me lanzaba el semen en mi choro.
Se paró y volvió mi compañero, me la metió y empezó de manera lenta a moverse, hasta que empezó a acabar y a lanzar su enorme cantidad de semen. Cuando se levantó, me tomaron uno por cada brazo y me pararon, las piernas me temblaban y sentí como el semen me caía por un lado de las pierna. No fue mucho, pero pasó. Me caí de rodillas y ellos se sentaron en el borde de la cama. No se cuanto rato me estuvieron culiando, pero al primo se le ocurrió recorrer la casa. “Vamos guatona, muéstrame la casa, quiero conocer la pieza de tu mamá”. Los llevé, los tres en pelotas, entramos en la pieza.
Al entrar el primo buscó debajo de la almohada de la cama y dijo: “veamos con que duerme la mamita” y encontró justo una especie de body para dormir (es como que fuera un traje de baño de una pieza, pero con tela suave y de encaje, es para dormir de hecho) y me miró y dijo “tu mamita duerme como putita”. Lo tomó y lo dio vuelta (al reverso) y lo puso sobre la cama. Me tomó a mí y me puso contra una muralla. Me abrió las piernas y me la empezó a meter de nuevo, me agarraba el poto, me chupaba las tetas, me besaba y me la metía. Cuando iba a acabar se salió y tiró el semen en el body de mi mamá, justo en el reverso de la parte que cubre la zorra. “Un regalito”, me dijo. Mi compañero dijo “¡que buena, yo también!”, repitió, me la metió y cuando iba acabar, se salió y tiró su semen, ahora en la parte que cubría el poto. Como si eso no fuera suficiente, el primo, busco un calzón en los cajones y me lo metió literalmente en la zorra y luego lo guardó.
Al rato se fueron, dejándome la certeza que mi vida era el de una degenerada que admitía que le hicieran lo que fuera. Para finalizar, les cuento, que en la noche vi a mi mamá con el body de encaje puesto. Un beso para todos.