Llegó la hora de colación del personal y las compañeras me dieron la bienvenida designándome como su mascota.

Acatando el rol como buena novata, me dejaron a gatas en el suelo y atada al cuello con una correa amarrada a la pata de la mesa.

Allí cual perra esperaba a que me tiraran sus restos de comida al plato con mi nombre.

Al tener las manos atadas a las patas de una silla, me vi obligada a meter la cara en el tiesto pa’ perro y comer las sobras.

Masticando unas cáscaras me percaté que estaban ensalivadas, entonces las malvadas hicieron fila delante de mi plato y empezaron a escupir sus alimentos molidos.

Impactada y hambrienta unté la lengua en el menjunge y al instante sentí por detrás unas inquietas manos femeninas que procedieron a recorrer insolentemente los dedos por mis zonas erógenas, provocando que comenzara a tragar la mazamorra y así acallara los gemidos de excitación.

-”¡Traga, traga perra sin vomitar o correazo en la raja te vamos a dar…!”-

Así me coreaban las muy bellacas y al acabar les contesté con un sonoro y orgásmico eructo tras quedar empachada.

-”¡Aleluya doña Florinda, eres multiorgásmica…!”-

Ironizó la Ana aludiendo el apodo a mi peinado, en tanto seguía con dos dedos metidos en mi sensible vulva y otro en mi ano.

-”¡Tómate esta agüita, zorrita y se te quita al toque lo abogotá…!”-

Aseguró la madurona Rosa, quién ante las risas de las demás, se acuclilló encima de mi plato, apartó a un lado la pantaleta de sus rugosos pucheros y abriéndoselos con los dedos, procedió a llenarme el tiesto con abundante pichí que llegó a salpicarme el rostro.

Sorprendida otra vez ante la nueva penitencia impuesta por las perversas colegas, empezaron de nuevo las estimulantes contracciones genitales asistidas por la Ana y sus secuases, por lo cual me puse a lamer como quiltra el agüita amarilla cuyo sabor ácido-salobre no me asqueó.

En eso irrumpe Missía Nelly haciendo trizas una taza en el suelo, logrando que acabara en el acto el desorden.

Ordenándoles a las verdugas que me desataran, la doña acercó un espejo de bolsillo a mi cara y al contemplarme con el maquillaje corrido y chorreada de orina, me invadió la rabia.
Entonces la doña me agarró la mano y dirigiéndola con fuerza a las mejillas de la Ana y la Rosa, les llegó sus merecidas bofetadas que las hicieron sollozar.

Pero enseguida recibí una cachetada de vuelta que me soltó las babas de la boca, muy digna no solté ni una lágrima ni me quejé.

-”Sigue obediente y pronto te ascenderán a Dómina, entonces te podrás desquitar de ellas.”-

Susurró la Carola mientras me sentaba en un lavatorio con salmuera tibia para relajar la genitalia y esfínter.

-”No te hagai más caldo ‘e cabeza y pásalo la raja como meretriz cada día que lleves aquí.”-

Aconsejó la Paty en tanto me volvía a emperifollar de doncella antigua.

Así me hice el ánimo y tras colocarnos la una a la otra los afrodisíacos supositorios, partimos entusiasmadas al salón comedor llevando las charolas con los aperitivos.

Allí nos esperaban sentados a la mesa los ejecutivos jóvenes de una minera entre Chilenos y extranjeros que me silbateaban y piropeaban al servirles las copas, e incluso de pasada besos y caricias en las pechugas, lo cual me anduvo achunchando.

Pero como al igual que las demás estaba para deleitar a los comensales, decidí portarme malula.

Bajo la atenta mirada de Missía Nelly, me tocó salir al ruedo a bailar un pié de cueca del brazo de Marquita, una morena colega que lucía sus hormonados atributos.

Sin pañuelo para el baile, mi compañera muy fresca se quitó el colaless enseñando su oscurito y depilado pilín de niño que contrastaba con sus generosas nalgas en forma de manzana.

Tímidamente tuve que sacarme el calzoncito y con él en mano empezamos a tañar las palmas con mi pareja mientras nos paseábamos en círculos cerca del público que al paso nos pegaban sus palmetazos en el poto, lo cual sorpresivamente me encendió.

-”¡Aro, aro…Brindo por la tortilla ‘e chinas que por el aroma a marisco se nota son bien cochinas…!”-

Halagadas por la pícara palla, entre vueltas y zapateos, nos recogíamos los delantales y mostrábamos desvergonzadas nuestros sexos a los espectadores, que en mi caso me pellizcaba el clítoris y los labios vaginales para que vieran como escurría el fluido por entre los muslos, lo cual me extasió aun más.

Al finalizar la danza, con mi compañera nos dimos un beso lengüeteado y arrojamos nuestros calzones-pañuelos al público.

En eso un pintoso y grandulón gringo me hizo señas de que me fuera a sentar en sus piernas, toda coqueta acepté la invitación y me acomodé sobre su tibio regazo.

-”¡Oh Beautiful girl,que prety flowers tienes en tus wonderful y great tetitas…!”-

Agradecida por la adulación de fijarse en el decorado floral de mis aréolas, complacida dejé que examinara con sus enormes manos lo naturales que son mis crecidos pechos, provocando que riera nerviosamente de placentero dolor mientras se deleitaba estirando y retorciendo los piercings de mis pezones.

-”Bela garothinja…¿Vocé dejá que Gonzahiño goce tanyen de vuestra mercé…?”-

Fascinada por los cariñitos del gringo que me daba a probar cebiche y vino directamente de su boca, consentí la petición del morenazo que me acariciaba un muslo y descrucé las piernas para que siguiera explorando con sus juguetones dedos hasta meter cuatro digitales en mi babeante conchita.

Aflorando mis bajos instintos, estaba regocijada calibrando manualmente las contundentes tulas de los galanes de turno, al tiempo que ellos no cesaban de brindarme arrumacos, mientras contemplábamos a un par de buenas mozas china que al ritmo de la música  de los kjarkas iban a bailar saya.

Ambas chiquillas con la manos en la cintura, giraban frenéticas haciendo bambolear sus pechugas, sacudiendo las caderas y haciendo tiritar las nalgas donde llevaban colgando, atajado entre los cachetes sus calzones cuales colitas.

Antes de que el banquete se convirtiera en orgía, la doña se retiró haciendo sonar una campanilla, a lo que en el acto unas colegas pararon de succionar miembros y las demás se desmontaron de sus clientes y agarrándoles los respectivos falos los encaminaron a las piezas.

Entre nerviosa, excitada y confundida seguí a las chiquillas, arreando a mis amantes de ocasión cuyas sobre-desarrolladas pirulas no lograba atrapar entre las manos.

Llegamos tarde a la repartición de los camastros y como estaban indecisos de compartir un cuarto con otra pareja, nos fuimos a la cocina.

Ansiosa de probar el sexo a dos bandas, me recostaron boca arriba sobre un mueble de cocina con las piernas al hombro, eché hacia atrás la cabeza fuera del estante y con servilleta al cuello empecé a lamer el salobre glande y luego a engullir el moreno tulón hasta los testículos, que llegué a hacer arcada para no ahogarme del gusto.

Entonces el gringo tras hartarse de saborearme los pucheros, acomodó la punta de su vergón en la entrada de mi indefensa vulvita y de un empujón introdujo la mitad de su instrumento del placer, que casi le muerdo la sabrosa longaniza al negrito.

-”¡Gií migtel,liento su glico gene gosguileándome el údelo,gétamelo lodo adlentloohh…!”-

Toda fogosa y sin soltar el chupete de carne le respondí al grandulón que me tenía asmática por las reconfortantes contracciones uterinas a medida que se abría paso dentro mío, hasta chocar su par de camotes en mis labios leporinos, retrocediendo y volviendo a embestirme de brusco goce.

-”¡Trague,trague tóa la papa como güena nena y a vocé regalo postle…!”-

Ayudándome a enderezar la cabeza, ingerí gustosa el aluvión de espeso y ácido-dulce semen de gonzahiño y enseguida abriendo bien grande la boca, estiré la grumosa lengua y bebí todo su rico pipí, para luego chupetearle los huevazos y rematar por lustrarle con la traposa toda la tula hasta dejársela brillosita y durita otra vez.

-”¡Oh my good darlin,you be bitch-fox very golosaahh…I me inundate todaahh..!”-

Dicho y hecho el gringo entre tiritones vació su torrente lácteo que calentó mi vientre y me dejó con convulsiones que llegué a regurgitar el yogurt del morenito.

Mientras ellos se reponían bebiendo un bajativo, entre risas y pícaros comentarios, toda abochornada me sobaba el pubis y con un mezquino de cocina urgaba la vagina sacando hasta el último concho de semen que repleté un vaso vinero y mirándolos toda risueña bebí al seco el delicioso engrudo de macho.

Saboreándome tras asearle la verga al grandulón, Gonzahiño me tomó de las caderas y quedé empotrada sobre su mástil que fue llenándome toda a medida que bajé lentamente hasta descansar las nalgas sobre sus bolones y enseguida me elevó y bajó bruscamente mientras que literalmente me comió los pechos untados previamente con mermelada.

Estaba con los ojos cerrados disfrutando la frenética cabalgata que me propinaba el chúcaro mulato, cuando siento que los gluteos empezaron literalmente a aplaudir encima de sus huevazos y asustada abrí las mansaas pepas al aguaitar de re’ojo al gringo que me separaba los cachetes del poto e introducía sus gruesos dedos embadurnados con mayonesa dilatándome el recto.

-”¡Come on baby,now saber to fantastic that sentirte by fucking annals…!”-

Con un sonoro ¡Pop! este bruto me desacopló del falo de cacáo y sin importarle mi pataleta de negativa tras vaciarme todo el frasco de mayonesa vía embudo dentro del ano, me levantó de sus rodillas donde estaba tendida boca abajo con el popín parado y agarrándome de la cintura, juntó mis piernas y me las levantó como cuando una era chica y la hacían orinar.

Así me hizo descender hasta rozar el asterisco goteante de mayo sobre su palpitante glande, el cual comenzó a repasarme encima del perineo que comprende la piel entre el ano y la vulva lo que me causó cosquillas haciéndome reír y que a la vez se me escapara un chorrito de pipi.

De improviso sonó algo como ¡Chup! entre mis nalgas y pegué un lastimero gemido al sentir la candente estaca de carne del gringo que profanaba en cámara lenta mi desvalido esfínter y que a la vez me alimentaba las tripitas con el refrescante aderezo de huevo, aceite y limón.

Nuevamente cerré los ojos pero dejé de morderme el labio al relajarme cuando descansé las asentaderas sobre su par de camotes, pero al toque me tomó de las caderas y reinició la perforación rectal haciendo que pasara del sufrimiento al goce con el aumento de sus pistoneos que parecía una licuadora humana.
Estaba en ese trance cuando se acordó de mi Gonzahiño, que venía eufórico con su tulona empinada y recubierta de palta molida, el cual me separó las piernas y sintiendo un sonoro ¡Gluch! introdujo su virilidad en mi ardoroso estuche, por lo que volví a abrir las medias pepas y a pegar un grito de doloroso placer.

Enseguida quedé echa sanguchito y sin dejar de gimotear, solo atiné a sobarme el vientre a la altura del pupo mientras percibía el choque de las vergas de burro que me tenían al borde del desmayo.

Entre sus bufidos y espasmos de acabada, yo seguía gemebunda y cuando se desacoplaron de mi, a esas alturas no entendía el chamullento español del parcito, solo se que poseída por una oleada de orgasmos me llevaron en andas hasta colocarme encuclillada encima del lavaplatos.

En esa pose recuperé el sentido y separándome las nalgas comencé a evacuar cual jibia de mar las melcochas por ambos orificios y entonces ante mi asombro recibí la ovación y aplausos del resto de los clientes y las chiquillas por mi primer debut sexual como China todo servicio y más…

Cariñosamente a Uds: Girasol de Copiapó.

Mi nombre es Yenni, tengo 30 primaveras, separada con hijos, oriunda de Tierra Amarilla y voy a contarles como pasé a formar parte del Staff de “Chinas”(campesinas sirvientas sexuales) de “La Hacienda”(casona prostíbulo y gabinete de BDSM campestre) dirijido por la patrona de fundo Missía Nelly.

Trabajando de temporera de la vid en unos parronales al interior de Tierra Amarilla, me tenté como lo habían hecho otros peones de robarse un cajón con uvas para la casa, pero me pillaron y llorisqueando de que no me llevaran presa, don José el capataz me dio la oportunidad de safar, enrolándome voluntariamente como China Todo Servicio en el libidinoso negocio que regenta su señora.

Al otro día tempranito y toda tiritona me presenté en le portal de la rural estancia donde esperaba por mi la mismísima doña Nelly, imponente y bien conservada cincuentona de elegante atuendo de huasa-patrona de fundo, la cual hizo restallar su fusta en el piso en señal de que la siguiera a su despacho.

Sentada en su sillón mirándome de arriba abajo, me dijo que calmara los nervios y me desvistiera. De a poco fui levantando la cabeza mientras soltaba mis negros cabellos de la cola de caballo, luego mirándola de frente me desabotoné la camisa escocesa y bajé mis jeans. Tras sacarme los botines y sin dejar de verla como me pidió, procedí a quitarme el sostén tipo faja que disimulaba el gran tamaño de mis blancos pechos en forma de pera que se desbordaron dejando en evidencia la erección de mis sonrosados pezones de amplia areola.
Avergonzada al no dejarme cubrirme los pechos con las manos, ella restalló la fusta sobre el escritorio para que bajara rapidito mis calzones y así lo hice dejando ante sus ojos mi tupido y oscuro pubis que no lograba ocultar mi sobresalido clítoris y abultados labios vaginales, dándome la vuelta para que contemplara mis voluminosas nalgas.

-”Tienes un rostro y ojos color miel parecido a la actriz de novelas: Catherine Mazoyer…”

- me decía mientras tomaba mis manos y las guiaba a mis pechos para masajearlos y pellizcar los pezones hasta alargarlos más de la cuenta, lo cual me causó susto y doloroso placer.

-”Definitivamente te voy a dar un look señorial-sexy que los parroquianos creerán que se están cogiendo a su progenitora cuando esta era lola…”- decía sonriente en tanto me tenía recostada boca arriba sobre el escritorio con las manos sosteniéndome las piernas en alto y bien separadas al tiempo que sus manos estiraban mis pucheritos, me pellizcaba el clítoris e introducía y sacaba sus dedos dilatándome la vulva y el anito, lo cual me excitó al punto de mojarle las manos con fluido vaginal y orina, mientras tragaba saliva para acallar un sonoro orgasmo.

De ahí me paré y con temblor de piernas y palpitaciones por la lésbica revisión, tuve que firmar la sentencia de recluirme tres meses bajo las leyes de la ahora mi dueña. Conformada de que vería un día la mes a mi familia y de que podría comunicarme con ellos por celular cada domingo, obediente eché mi ropa al basurero y tras azotar suavemente su fusta en mis nalgas, missía Nelly me encaminó por le pasillo hacia la cocina, escuchando durante el trayecto los lujuriosos sonidos provenientes de las habitaciones.

Al llegar sentí plancha de que el personal me viese pilucha pero me di cuenta que las chiquillas deambulaban haciendo los quehaceres domésticos muy frescas, ataviadas solamente con un pequeñísimo delantal cuya pechera no alcanzaba a cubrirles los senos, al igual que la corta basta del mandil que dejaba ver el minúsculo colaless de encaje que traslucía sus montes de venus para posteriormente perderse entremedio de sus asentaderas y más encima andaban equilibradas sobre tacones aguja.

En el acto la doña hizo retallar la fusta sobre el mesón para que se presentaran las chinas que me asistirían en el cambio de look.

-”Bienvenida pellizcadora de uva…Soy Carola y estoy batiendo en este bol la tintura para dejarte rucia…”- dijo burlona la maceteada trigueña cuyas pechugotas chocaron en mi cara al momento de sentarme para que recortaran mis cabellos.

-”Hola chascona, soy Paty y te voy a dejar cual barbie debajo del pupo…”- bromeó la esbelta ojos verdes, quién me tenía abierta de piernas sujetando una palangana con mayonesa casera con la cual me embadurnó los vellos púbicos para luego rasurármelos con un pela verduras. Tras acicalarme con su lengua el ahora lampiño chorito cuya miné me causó placer, la doña ordenó recostarme en el mesón con las piernas levantadas y bien separadas para inspección ginecológica.

Mientras la Carola terminaba de ajustar las pinzas en los ondulines que armaban la permanente de mis ahora pelos de choclo, la Paty me estremeció de dolor y deseo al introducir sus inquietos dedos en la vagina para acomodarme un DIU de goma con forma de anillo, ya que la selecta clientela masculina no usaban condón.

-”Este supositorio es un potente afrodisíaco oriental a base de ginseng, gingobiloba y otra hierbas naturales que no te drogan…Solo te causa adicción a seguir pasándola regio complaciendo a tu amante de turno…”- Susurro missía Nelly mordisqueando deliciosamente el lóbulo de mi oreja, mientras yo acababa de expulsar placenteramente en un lavatorio el agua servida proveniente de mis tripitas tras aplicarme la lavativa, para que luego la Paty me insertara la estimulante cápsula en el marrón.

Tras colocarme el sensual uniforme de trabajo y calzarme los tacones, sentí un agradable calorcillo que me invadió el bajo vientre, entonces la doña volvió a restallar la fusta ahora algo más brusca sobre mis nalgas, les dio instrucciones a las demás para completar mi tratamiento de estética y se retiró a supervisar los preparativos del banquete para ejecutivos de una minera local donde me estrenaría.

Entrando en confianza con las chiquillas tras maquillarme cual geisha, la Carola me decoró a modo de tatuaje, pintándome con témpera para género unos pétalos de girasol alrededor de las areolas y en el pubis un sugerente plátano a medio pelar con un par de brevas a los lados. Enseguida la Paty extrajo del botiquín un tubo de gel anestésico y me lo aplicó en los lóbulos de las orejas, pezones y clítoris, para luego volver a provocarme doloroso placer al insertarme en aquellas zonas unas trabas de gancho (sujeta pañales) a modo de piercings.

Para finalizar me estamparon sobre las nalgas un timbre con tinta indeleble como a las demás cuya leyenda decía:”Estoy para servirle”.

Todo esto resultaría denigrante para la mayoría de las mujeres, pero en ese momento descubrí que pertenecía a la minoría que disfruta su sexualidad experimentando el morbo de la disciplina, masoquismo, sumisión y humillación…Más adelante les relataré con lujo de detalles mi desinhibido debut en el banquete y mucho más…

Cordialmente a Uds: Girasol de Copiapó.

Febrero 18th, 2010Entre dos.

Hoy me voy a arriesgar con este relato, lo digo porque es algo más inusual que los anteriores, ya que viví una experiencia nueva, sobretodo considerando la edad que tenía en ese momento. En fin, lo dejo a su opinión.

Cómo ya les había contado anteriormente, estaba enfrascada con la relación de pololeo y con la relación con mi compañero. Así pasé hasta cuarto medio, entre la pico de mi pololo y el pichulón de mi compañero. Ambas relaciones las manejaba yo, ya que ambos tenía edades similares a la mía y no tenían mayor experiencia sexual. La verdad es que sentía como que faltaba algo, pico tenía suficiente, pero me daba la sensación que mis parejas no eran lo suficientemente imaginativas. Mi pololo, por ejemplo, era buena persona, pero bien fome en la cama, él se creía la raja, como la mayoría, pero al final la falta de imaginación le pesaba por todos lados.

El caso, es que mi compañero me dio una sorpresa al acercarse a mí y contarme que él tenía un primo, al cual le había contado que estaba teniendo una relación con una compañera y que esta compañera engañaba a su pololo, que era otro compañero. No me pareció mal que le contara, de hecho me dio lo mismo, aunque no debo negar que me sentí puta, por el puro hecho que hablaran así de mí. Luego que me contó eso, vino con la sorpresa, quería pedirme permiso para invitar a su primo a culiarme entre los dos. No voy a mentir diciendo que salté en una pata y que dije que sí altiro. Mi única experiencia con más de un chico, lo viví en el sur y no fue lo mismo, cuando era bien pendeja mis amigos se juntaban y les chupaba el pico. Pero esto iba a ser diferente, era tener sexo con dos pendejos. “Lo voy a pensar”, le contesté.

La idea de estar con dos pendejos me dio vuelta harto tiempo y decidí aceptar, porque consideré que iba a hacer más entretenida la relación. Como ven en esa época mi concepción moral no era de las mejores. Pasó como más de un mes de la propuesta y le dije a mi compañero que sí, que organizáramos juntarnos con su primo y viéramos que pasaba. Yo pensé que igual podía fallar, porque al ser cabros chicos, se podían cohibir al estar juntos culiando.

Quedamos para un sábado de juntarnos, me puse bien coqueta, faldita corta, blusita escotada, calzón metido en la raja y sostén apretadito. Iban a llegar como a las dos de la tarde. Pasada esa hora tocaron el timbre, miré por la ventana y vi una sorpresa que no esperaba: a mi compañero, acompañado de un tipo adulto, pensé que era su papá y me imaginé lo peor. Salí a abrir y, al entrar mi compañero me presentó a su primo.

La cara de huevona que debo haber tenido, debe haber forzado de sobremanera a que me preguntara que me pasaba, “es que me imaginé que tu primo era como de nuestra edad”. Se rieron ambos. El primo me dijo, “siento que este hueón no te haya aclarado”. “Pasen”, les contesté. Una vez adentro me porte cautelosa y yo creo que fue determinante para perder el control absolutamente.

“Es bien buena la mina que te estai culiando”, le dijo el primo a mi compañero. Se sentó al lado mío, se acercó, pasó el brazo por detrás de mi y muy cerca me empezó a hablar: “mi mujer no es así, es flaca, pocas tetas y poco poto, tú soy bien rica, buenas tetas, te voy a culiar bien culiá”, al decir eso, me calenté demasiado y empezó a agarrarme las tetas con la mano que tenía libre. Mi compañero tomó palco en el asiento de enfrente. “Sácate la ropa” me dijo. Como niña obediente, me saqué la ropa y quede en pelotas frente a un tipo que acaba de conocer. “Estay bien rica guatona culia”, me dijo. Yo no me encontraba guatona, pero no niego que me excito el trato despectivo hacía a mi, por otra parte, frente a su mujer, si era guatona. Cómo ven la cosa fue directo al sexo, no hubo mayores conversaciones ni nada, ellos tenían bien claro lo que iban a hacer.

Me corrió mano un buen rato y le dijo a mi compañero, “saquémonos la ropa”. Para mi, siempre era un placer ver el pico de mi compañero, así que me centré en observarlo mientras se desvestía. Como siempre, no me defraudó con su hermoso y enorme pico frente a mí, claro, que cuando miré para el lado, me di cuenta que la grandeza se hereda, el primo, tenía una herramienta gigante, además, como era más alto y macizo, se veía como pico de película porno. Se lo agarró y me pegó en la cara, “te gusta puta, ¿cierto?”, me dijo. Miró a mi compañero y le dijo, “a estas hueonas tetonas, lo único que les importa es el pico, mirá como le cuelgan las hueas de tetas, por eso la vamos a culiar bien culiá”. Se lo empecé a chupar, con las manos le agarré el poto y traté de meter lo más que pude en mi boca, lo saboree de manera pausada, disfruté sentir esa pichula de hombre en mi boca.

Sin embargo, las sorpresas no terminaron ahí, mientras se lo chupaba, me lanzó contra el sofá y me tomó del pelo, me levantó, grité y me dijo “¡donde está tu pieza, maraca!”. Le indique donde y a los tirones me llevó. Mi compañero por detrás me daba palmadas en el culo mientras me llevaban Me arrojó a la cama, me abrió las piernas y sin preliminares ni nada, me empezó a meter la pichula. No puedo negar que costó que entrara y que más de un grito de dolor se me salió, pero a la fuerza lo logró y empezó a darme como loco. La cama saltaba, yo gemía y mi compañero se subió encima mío y me puso en culo en la cara, me lo empezó a refregar, pero la verdad que me estaban dando tan fuerte que no fui capaz de chupárselo como correspondía.

Al rato de estarlo metiendo, se salió y le dijo a mi compañero que me la metiera, él se puso y mucho más delicado me la empezó a meter, sentí la diferencia y me di cuenta que me gustaba que me dieran fuerte. Mientras mi compañero me la metía, con mis piernas en sus hombros, el primo me agarraba y apretaba las tetas. A veces me daba cachetadas en las mismas tetas. La cara de ambos era de calentura extrema. El primo empezó a pasarme el pico por la cara y yo lo único que hacía era gemir. Mi compañero se salió y el primo me la volvió a poner y volvió la violencia, me daba, me daba y me la metía hasta el fondo. Se tiró encima de mí, me empezó a besar, a meter la lengua y me dijo “te voy acabar adentro puta”. Y sentí como me lanzaba el semen en mi choro.

Se paró y volvió mi compañero, me la metió y empezó de manera lenta a moverse, hasta que empezó a acabar y a lanzar su enorme cantidad de semen. Cuando se levantó, me tomaron uno por cada brazo y me pararon, las piernas me temblaban y sentí como el semen me caía por un lado de las pierna. No fue mucho, pero pasó. Me caí de rodillas y ellos se sentaron en el borde de la cama. No se cuanto rato me estuvieron culiando, pero al primo se le ocurrió recorrer la casa. “Vamos guatona, muéstrame la casa, quiero conocer la pieza de tu mamá”. Los llevé, los tres en pelotas, entramos en la pieza.

Al entrar el primo buscó debajo de la almohada de la cama y dijo: “veamos con que duerme la mamita” y encontró justo una especie de body para dormir (es como que fuera un traje de baño de una pieza, pero con tela suave y de encaje, es para dormir de hecho) y me miró y dijo “tu mamita duerme como putita”. Lo tomó y lo dio vuelta (al reverso) y lo puso sobre la cama. Me tomó a mí y me puso contra una muralla. Me abrió las piernas y me la empezó a meter de nuevo, me agarraba el poto, me chupaba las tetas, me besaba y me la metía. Cuando iba a acabar se salió y tiró el semen en el body de mi mamá, justo en el reverso de la parte que cubre la zorra. “Un regalito”, me dijo. Mi compañero dijo “¡que buena, yo también!”, repitió, me la metió y cuando iba acabar, se salió y tiró su semen, ahora en la parte que cubría el poto. Como si eso no fuera suficiente, el primo, busco un calzón en los cajones y me lo metió literalmente en la zorra y luego lo guardó.

Al rato se fueron, dejándome la certeza que mi vida era el de una degenerada que admitía que le hicieran lo que fuera. Para finalizar, les cuento, que en la noche vi a mi mamá con el body de encaje puesto. Un beso para todos.

Febrero 13th, 2010Reflexión

Hoy me sentí incentivada a escribir algo que no es un relato, sino más bien un reclamo contra ciertas mujeres que tienen un comportamiento inadecuado con los hombres.

Ayer me pasó lo siguiente, tuve que ir a Valparaíso en la mañana a hacer un trámite, por ello tomé una micro y me senté en la tercera fila. Al poco rato la micro se fue llenando hasta que las personas quedaron de pie. Cuando sólo quedaba espacio en la parte de adelante, se subió una mujer con su hijo y quedaron de pie en el primer tubo de la micro.

Descripción de la mujer: debe haber tenido unos 36 a 39 años, morena, con cuerpo bien voluptuoso, bien tetona y con un culo grande y carreteado, es decir, el poto ya no está tan firme de tanto que se la han culeado, pero igual apetitoso. Ella iba vestida de blanco, pantalones blancos de esos que se traslucen, por lo que claramente se le veía el colalees blanco, bien metido en el poto. Arriba iba con una polera bien escotada, blanca que también dejaba ver el sostén. La mina llevaba un sostén que debe haber sido una o dos tallas más chicas de lo que le corresponde, por lo que la tetas se le salían por arriba y por los lados. Típico de las minas que no saben comprar sostenes. ¿De cara?, una cara de maraca que no se la podía, los hombres van a entender este concepto, tenía una cara que lo único que uno podía pensar es que quería pico.

La cosa es que en el asiento del lado mío, iba un señor tranquilamente y obvio, la empezó a mirar, sobretodo las tetas. Pasó un rato y vino lo insólito, la mujer se molestó con las miradas y se empezó a tapar, primero puso a su hijo delante de ella y luego de una manera ridícula se puso la cartera sobre el escote. El señor del lado, se sonrió y se fue mirando para afuera.
Como ustedes comprenderán la situación no puede ser más indignante, ¡que se cree la mina culía!, se mete a una micro con ropa casi transparente y se ofende porque la miran, es para pegarle a la conchesumadre. La hueona de mierda andaba mostrando los calzones metidos en la raja y se molesta porque le miran las tetas. Esta puta debería sentirse orgullosa que la miraran, ¿para qué se viste así si no quieren que la miren? ¿o la huevona pretende que la miren los puros minos ricos? Por eso, entendí a los hombres que se enojan con las mujeres por estas actitudes, les encuentro toda la razón, porque esas mujeres actúan como verdaderas idiotas.

Por esta experiencia es que reflexioné sobre lo siguiente: en mi opinión, todas las mujeres estamos para que los hombres nos culeen, todo nuestro cuerpo está hecho para llamar la atención de los hombres y para que finalmente nos penetren, la ropa está hechas en ese sentido y nosotras explotamos esa situación. Sin embargo, se pueden dividir a las mujeres en dos tipos: las que tenemos como única misión que nos culeen y; las que consideran que están llamadas a ser parte activa de la sociedad y que no se consideran objetos sexuales de los hombres ni de nadie.

Claramente, yo pertenezco al primer tipo de mujeres, yo considero que estoy para que me lo metan, sólo para dar placer al hombre que me la quiera poner y nada más. Respeto al segundo grupo, pero no me siento identificado con ellas. Cada mujer tiene derecho a elegir a que grupo pertenecer, pero hay algo que no debe ocurrir nunca: confundir ambos grupos, en el caso de la maraca que vi en la micro, la huevona no debe vestirse como puta y pedir que nadie la mire y que la traten como intelectual. Punto final.

Ahora, quiero aprovechar de defender mi postura en cuanto a que las mujeres estamos exclusivamente para que nos culeen. Si un hombre observa a una mujer como yo, ve de inmediato mis tetas enormes, yo siempre ocupo escote, así que se pueden apreciar bastante bien. Y al ver eso ¿que siente el hombre?, obvio, se calienta y las mira bien y piensa en el buen para de ubres que le gustaría ordeñar. Yo estoy dispuesta a que me ordeñen sin problema. Agreguémosle a lo anterior, cuando camino con pantalones blancos que se traslucen, como las de la maraca que se subió a la micro, los hombres me miran descaradamente el poto y los calzones que se meten en el culo, muchas veces me han dado agarrones y me aguanto, total yo soy la que ando calentando a los hombres.

Para finalizar esta reflexión, yo creo ser objeto sexual y me gusta serlo y estoy convencida que cuando una mujer considera que es objeto sexual debe jugar y aceptar un poco de degradación y humillación. Por ejemplo, observemos a las actrices porno, cuando terminan una escena llenas de semen en la cara, arrodilladas y hediondas a pico. Esa escena no es la dignidad absoluta de la mujer, pero no es malo por eso tampoco, es algo para disfrutarlo y aceptarlo: Soy puta, me gusta el pico, que me la metan, que me culeen, que golpeen el culo, que agarren bien fuerte mis tetas, que me tiren el pelo, que me llenen de semen y que me traten de caliente culiá. Asi soy yo y soy feliz por ello.

Un beso a todos.

Desde ya ofrezco mis disculpas por el atraso en la segunda parte de la historia, pero sucedió que un maldito virus ingresó en mi PC y como en la vida yo sólo sé culiar, lo tuve que mandar donde un técnico. Lamentablemente perdí alguna información, entre ella la historia que casi tenía terminada. Me tuve que armar de paciencia y volver a escribirla. Así que aquí va la parte final del relato.

Como les conté anteriormente, mi idea era tener el enorme pico de mi compañero entre mis piernas. Parecía fácil la tarea de llevar a un compañero a la soledad de mi casa, sin embargo, fue una misión que casi me ocupo todo el año. La verdad es que lo más cerca que estuve de estar con él fue cuando nos juntamos en un grupo de trabajo, lo cual obviamente no servía para mis propósitos.

Sin embargo, nuestro Dios del Sexo metió su mano y me dio una ayudita a mi desesperación. Nuestro compañero, en noviembre, cuando ya empieza a hacer calor, faltó dos días seguidos a clases. En la tarde del segundo día y, en el living de mi casa, estaba con mi pololo y con su pene en mi mano. Se lo estaba tocando de manera suave y le pregunté por nuestro compañero y me dijo que había tenido un problema familiar y estaba en Santiago, que mañana volvía en la tarde.

Efectivamente, el tercer día tampoco apareció en la mañana. Ese mismo día al salir del colegio, mi pololo, me avisó que en la tarde era probable que no fuera, porque iba a jugar a la pelota con el resto de los compañeros. Yo en mi casa, a eso de las 3 de la tarde recibo una llamada (recuerden que en esa época el teléfono móvil no era común) y era nada menos que mi compañero. Para mi sorpresa y alegría, me llamaba para pedirme los cuadernos de los días que había faltado; me dijo que no pudo ubicar a  ninguno de sus amigos porque estaban jugando a la pelota y él quería ponerse al día para ir a clases al otro día. Le dije que ningún problema, que fuera a buscar los cuadernos. Me dijo que en media hora estaría conmigo.

Cómo ya les dije, pasaba sola en mi casa, así que podía hacer lo que quisiera. Entonces me preparé, me saqué el jumper y la corbata, fuera el sostén y los calzones. En otras palabras me quedé solo con la blusa puesta y las calcetas y zapatos (los famosos zapatos con hebilla que se ocupábamos en ese tiempo) Y me puse a esperar. Al rato llegó, me asome a la puerta y le dije que no podía salir, le tire las llaves, él abrió la reja, la volvió a cerrar y entró. Me pregunto al entrar “que onda que no podis salir”. Le mire y le dije, “es que ando en pura blusa”. Me observó y quedó un poco perplejo, me reí y le pregunté porque había faltado estos tres días. Me contó los motivos y cuando terminó le dije que tenía los cuadernos listos en mi pieza. Antes les quiero contar que la pieza de esa casa era un horno, muy calurosa porque llegaba el sol de la tarde, de hecho con mi pololo culiabamos normalmente en el living o en las piezas de mi papá o de mi hermana. El caso, es que me acompañó y al entrar le dije que se sentara en la cama. Se sentó y yo también. Estaba abiertamente nervioso y yo le pregunte “estas incomodo”, “un poco” me dijo. “¿Y porque?” le pregunte, miró al piso y sonrió; “¿yo te pongo nervioso?” le pregunté. El siguió mirando al piso y asintió con un movimiento de cabeza. Me reí y me paré y le dije de manera bien directa “o sea que si me saco la blusa, ¿te pones más nervioso?”, me miró sin responder, sonreí de nuevo y me saque la blusa, me quedaron mis enormes tetas a su disposición y mi zorra bien peluda a su altura. “Te gusto ¿cierto?”, le pregunte, con un hilo de voz me dijo que sí. “Quiero que me la metas”, “¿quieres?”, le dije, volvió a decir que sí. “Pero antes, sácate toda la ropa”, se la sacó a tirones y, ahí, ante mí pude ver las tremendas proporciones del pico de mi compañero. Efectivamente era verdad y lo tenía ante mí para disfrutarlo. Con ello me acerque y me lancé sobre él para besarlo, me abrazó también y me empezó a correr mano por todos lados, sentí su pico en mi estómago, duro, fuerte y enorme. No aguanté más y me agache para chuparlo, tocarlo y verlo. Me acuerdo y se me humedece el choro. Mi mano no lo agarraba completo y sobresalía más del doble. Le dije “mi pololo la tiene hasta aquí” y le marque menos de la mitad. Me la metí a la boca y con suerte llegué a la mitad. Se la chupé un rato y él me levantó, me tiró sobre la cama y se lanzó sobre mío, yo con mi mano le agarré el pico. Pero cuando de lo agarré sentí que se puso tenso y ¡sorpresa! acabó sobre mi mano y mi zorra. Lo miré y se puso rojo. Le dije que no importaba. Se tendió al lado mío. Lo tranquilicé y le dije que esperáramos un poco que teníamos tiempo.

Yo miré mi mano y los pelos del choro y vi que me había dejado llena de semen, me tiró mucho. La cosa es que me llevé la mano a mi boca y me comí el semen que tenía en ella. Luego comencé a esparcirme el semen de mi zorra por los mismo pelos y por mi estómago. Mi compañero me miraba y, lo que es lógico, se le volvió a parar. Me sonreí y le dije que ahora lo pasaríamos bien. Me quedé tendida en la cama y le dije que se subiera a la altura de mi cara y, le empecé a lamer el pico, los cocos y luego el poto. Me encanta lamer el poto de los chicos, ja ja. Estuve un rato en ello y luego de le dije que me la metiera. Se puso entre mis piernas acostado sobre mi. Le dije que tenía ganas de que me culiara fuerte. Abrí bien las piernas, las subí y él me las agarró con las manos, yo con mi mano le tomé el pico y me lo metí. Fue la gloria, sentí toda su pichula en mi interior, me sentí llena y mi compañero me culió como si el mundo se fuera a acabar. Grite como loca entre dolor y placer. Me la metía fuerte y dura. En el acto mismo yo le decía con voz excitada, de caliente “te gusto ¿cierto?”, “sí” me respondía. “¡Te gusto porque soy puta!”, le grite. Y ahí mi compañero se soltó y me hizo sentir mujer, entre las cosas que me decía estaban “¡maraca culía!, quería puro metértela, te gusta el pico ¿cierto?, ¡toma mierda!, ¡comételo entero!, ¡puta culiá!”. Yo, más caliente que la cresta sólo disfrutaba. Después me agarró las tetas con las dos manos bien fuerte y me decía “tetona de mierda, a todos nos gustan tus tetas, culiá, ¡mira como te cuelgan, tonta culiá!”. Después de tiró encima de mí y me chupaba las tetas con fuerza. Al rato de culiar de es manera, acabó dentro de mí repitiendo las grandes cantidades de semen que antes había soltado en mi mano. Cayó encima de mí. Mi placer se completó a cabalidad.

Luego de la acción, observé como quedamos: completamente sudados, no sólo por la culiada, sino que también por lo caluroso de la pieza. Yo me agaché y le limpié el pico con la boca. Me sentía en la gloria. Al rato, mi compañero se empezó a limpiar y vestirse para irse, porque lo estaban esperando en su casa, lo ayudé y se fue. Claro que la cosa no quedó ahí.

Yo me mantuve desnuda, disfrutando del aroma a hombre que tenía mi cuerpo, no pasaron cinco minutos desde que se fue mi compañero cuando vuelven a tocar el timbre. Pensé que se le había quedado algo, pero mi sorpresa fue ver a mi pololo. Me asomé y le tiré las llaves tal como lo había hecho antes con mi pololo. Entró y me vio desnuda, le dije que justo me iba a bañar porque me había quedado dormida en mi pieza y había quedado toda transpirada. “Mejor así, porque te la vengo a meter y me voy”, “¿te parece?”. Comprenderán que el morbo fue gigantesco. Le dije que sí y lo llevé a la misma pieza donde rato antes había culiado con mi compañero. Él fue y me empezó a besar, mi boca estaba pasada a pico y yo le metía la legua bien adentro. Me chupó las tetas, que tenían mezclados los sabores de la saliva y sudor de nuestro compañero. Pero lo más genial fue cuando me chupó la zorra y me dijo como hombre experto en mujeres “veo que te tengo bien húmeda”. No sabía que hace un rato otro macho me la había metido y dejado llenita de semen.

Lo tiré boca arriba y me subí sobre él, me metí su pico y sentí las grandes diferencias. No quiero dar una impresión equivocada, un pico chico me lo como con gusto y se pasa bien, pero el pico grande es distinto, ja ja. Es como a los hombres les pasa con las tetas grandes. La cosa es que me empecé a mover sobre él y sentía como el semen que ya tenía en la zorra empezó a bajar. Al poco andar mi pololo acabó y su semen se junto con el que yo tenía. De inmediato bajé y se la chupé y pude disfrutar de dos tipos de semen al mismo tiempo. Delicioso.

Al ratito se fue y yo me bañe finalizando mi primera infidelidad. Ahora esta historia deja ciertas moralejas que son importantes:

  1. Nunca le cuenten a la polola historias sexuales ni descripciones físicas de sus amigos. Imagínense a una mujer diciendo a su marido: “Hoy llegó a vivir al lado una mina tan rica, tiene las medias tetas y se ve que es caliente”. ¿No les parece ridículo?.
  2. No se hagan los campeones con sus mujeres ni los sabios en materia de sexo, miren que siempre hay uno mejor y puede que haya actuado minutos antes.
  3. Y la última es: ¡Soy bien puta ¿cierto?!”

Un beso a todos.

Enero 18th, 2010Caliente por Naturaleza

Con mi marido, buscábamos en la red un sitio donde comprar algunas películas porno y nos encontramos con este sitio. En el mismo, se ofrecía ser columnista y me interesó tratar de escribir mis experiencias. Como ya supondrán por el título, soy una mujer de las llamadas calientes y debo reconocer que soy enferma de caliente.

Pero antes de ahondar en ello, creo que es importante describirme físicamente para que se hagan una idea de mí: mido 1,68 metros; soy de tez blanca; pelo liso, largo y castaño oscuro; ojos café; y de cuerpo soy una mujer bien formada; no soy delgada; pero tampoco entro en la categoría de gorda (para nada); por lo mismo, tengo piernas vistosas y; un buen poto. Claro, que lo más atractivo de mi cuerpo, son mis enormes y gordas tetas y lo digo en serio, tengo de esas tetas que no pasan desapercibidas y aunque no lo crean, aún se mantienen apuntando al cielo. Debo señalar, que me cuido físicamente, ya que es lo único que me ha permitido lograr cosas interesantes en mi vida. Quizás crean que he sido generosa con mi descripción, pero es la verdad, además si una no se ve atractiva, nadie lo va a hacer por una.

Como ven, soy de esas mujeres que no entran en la categoría de “minas lindas”, es decir, flaquitas, potito paradito y tetitas de tamaño justo, esas que cualquier cosa con la que se visten se ven bien. No, esa no soy yo, yo soy de esas minas “pa la guerra”, soy de esas minas que muchos hombres se dan vuelta a mirar, pero no porque hayan visto a una hermosura pasar, sino que acaban de ver un pedazo de carne pasar. Soy de esas mujeres, a las cuales los hombres les gusta pegarles una buena culiada y hacerles y decirles todo aquello que jamás y por ningún motivo le haría o dirían a sus parejas. El calificativo más usado para mi cuerpo es el de “rica”, no de linda.

Para que les quede bien claro, soy de esas mujeres que cuando tengo que ir a algo formal, como un matrimonio y tengo que ponerme vestido de fiesta, no me veo elegante, porque las tetas se me salen por todos lados y el culo se me ve grande con cualquier cosa. En ese tipo de fiestas siempre quedo con el sobrenombre de “la tetona”, “la culona” o “la mina con pinta de puta”. Si han escuchado a una mujer alguna vez pelar un matrimonio, sabrán perfectamente a que me refiero. Bueno, con todos esos antecedentes, creo que le ha quedado claro como soy físicamente y como relativamente es mi aspecto.

Como le había dicho, soy caliente, me gusta el pico (y a veces la zorra también, ja ja) y por eso escribo esta columna, porque quiero dar a conocer parte de mis experiencias, las cuales iré abordando de a poco; en esta presentación me daré a conocer de manera general: Desde los 13 años, me empezó a gustar el pico y de manera bastante apasionada. En esa época todavía estaba en el sur y tenía un grupo de amigos (del lugar donde vivía) que comenzaron a aprovecharse de esta amiguita que tantos deseos tenía de conocer la pichula. Así, empezamos a descubrir la sexualidad de manera bastante directa y sus picos fueron los primeros que toqué y chupé. Como supondrán al poco tiempo me gane variados sobrenombres, entre los más populares estaban: “puta” y “la chupapicos”. Yo en esa época estudiaba en colegio de mujeres y mis compañeras también me trataban de puta o de caliente y esto porque a mis amigas yo muy suelta de cuerpo les contaba las cosas que hacía (sin contar que con ellas también hacíamos algunas cosas ricas). Aparte, que desde chica me empecé a aprovechar de mi calentura, recuerden que en esa época no era común (como ahora) que las colegialas anduviéramos con plata, teníamos lo justo y nada más, ¡pero yo no!, porque ni tonta ni perezosa me di cuenta, que a mis amigos les podías pedir cosas a cambio de chuparles el pico o de que me corrieran mano. El caso, es que no se porque razón, no me importaba que mis amigas y amigos me trataran de puta, la verdad es que lo veía como algo gracioso y debe ser porque me entretenía mucho explorando mi sexualidad y no veía nada de malo en ello.

El problema, empezó a nacer cuando estaba un poco más grande, como comprenderán, ya el tema no se trataba de inocentes chupadas de pico a pendejos de 15 años; ahora se trataba de culiar y yo abría las piernas no sólo para que me la metieran por la zorra, sino que también le agarre gusto a que me la metieran por el poto. Claro, el efecto fue el previsto, los hombres que me conocían hablaban de mí como una perra; las mujeres como una puta de mierda y lo peores, eran a los pocos huevones a los que no les daba la pasada, esos me dejaban por el suelo. Ese tiempo (entre los 17 y 20 años) fue difícil, no era llegar y hacerme una amiga, recuerdo que me hice una amiga que me invitaba harto a su casa, hasta que me pillaron culiando con su hermano, la mamá me echo en pelotas a la calle, sin contar que antes me sacó la cresta por maraca; obvio que a mi amiga le prohibieron volver siquiera a mirarme.

Si el tema con las amigas fue difícil, imagínense como fue con los pololos. Si un chico empezaba a salir conmigo se producían dos consecuencias inmediatas: yo, inevitablemente me lo terminaba cagando y sus amigos apenas sabían quien era yo, lo hueviaban hasta que no podían más. Así las cosas, mis pololeos siempre eran un fiasco y no duraban nada.

En este punto, hago la siguiente reflexión: a muchos hombres probablemente le gusten mujeres como yo, bien calientes y fáciles, claro que les gustan las minas así sólo para culiar, porque cuando se trata de hacer pareja, la cosa cambia y quieren a una mina decentita y que no se la miren mucho. Los más “liberales”, le gusta que sus parejas sean “putas en la cama y damas en la sala”. A mi eso no me parece justo, lamentablemente en Chile, un hombre que se culea a varias mujeres es un ejemplo a seguir, mientras que una mujer que se la culean varios, es la puta del puerto. Eso provoca inevitablemente que la gran cantidad de minas calientes que existimos (y que no somos pocas) tengamos que sentirnos culpables o incluso intentar cambiar y reprimir nuestra sexualidad, sólo para tener pareja estable. Piensen algo: no existirían tantos hombres que engañan a sus mujeres, si no existieran mujeres calientes dispuestas a pasar por alto el hecho que están casados.

A los 17 años, quede embarazada y fue por huevona, justo cuando nos habíamos cambiado a vivir a Viña. Fue un tiempo en que pasaba el día con las piernas abiertas, culié hasta por la orejas. Por lo mismo, nunca supe quien fue el papá de mi hija. Se que puede sonar irresponsable y triste, pero quiero ser honesta y, además a la larga fue mejor, porque la pude criar como yo quise (algún día les hablaré de ello).

Mi embarazo, tuvo varias consecuencias positivas: una hija que amo mucho; no se me dañó el cuerpo, salvo lo normal (no volveré a tener las tallas de pantalones que tenía, ja ja); mis padres no me dejaron de lado y; afortunadamente lo caliente no se me pasó.

Con el hecho de tener a mi hija, me dedique a gozar la vida de otra manera y no me preocupe más de tener pareja ni de esas cosas. En el sexo, empecé a realizar variaciones y realizar practicas distintas, algunas fueron geniales y otras no tanto. Y como ustedes saben, cuando una nada espera, entonces todo llega.

A los 25 años, conocía al hombre que actualmente es mi marido, hombre excepcional y que me ha permitido ser la mujer que deseo ser. Para que ustedes sepan, mi marido es un “cornudo consciente”. Su máximo deseo fue conocer a una mujer como yo, es decir, puta. Se excita cada vez que le cuento mis aventuras y se vuelve loco cuando me lo cago con otro hombre. En otras palabras, es sumiso, goza con la humillación sexual, pero no esa de látigos ni golpes. Disfruta con la humillación mental, con saber que me acuesto con otros hombres y que los gozo enteros, le encanta llegar a casa y que yo este hedionda a pico. Hombres no me faltan.

Con ese hombre me casé y he logrado plena felicidad, porque puedo ser como realmente soy y a él le gusta que así sea.

Como ven, tengo mucho material para contar en esta columna y los invito a que me escriban para hacerme comentarios, preguntas, proponerme temas o si quieren que escriba respecto a algo determinado de mi vida. Intentaré responder a través de la misma columna, la cual espero les guste.

Por último, quiero terminar contándoles cual fue mi sobrenombre durante el colegio, fue el que más me gustó y si quieren pueden usarlo: como ya saben mi nombre es Marisela Tatiana y me decían “Marizorra Tetania”.

Desde Viña, con las piernas abiertas, le envío un rico beso para todos en su hermosa pichula.

Marizorra Tetania

Enero 18th, 2010Infidelidad justificada

Aquí estoy de vuelta para poder compartir con ustedes parte de mis experiencias. Desde ya, quiero agradecer a javier, que me escribió a mi correo y me dio como idea, escribir sobre el engaño a mis primeros pololos y como me gané mi fama de puta. Recojo el guante, así que aquí va esta segunda historia.

Como les conté en mi primera entrega, parte de mi vida la pasé en el sur, específicamente hasta los 16 años. A esa edad, mis padres decidieron por motivos laborales cambiarse a vivir a Viña del Mar. Nos vinimos todos, mis padres y mi hermana mayor y yo. Cambio radical en todo aspecto, no sólo por la ciudad misma, sino que por su clima y por una serie de actividades que en el sur no se pueden realizar con mucha cotidianidad, como por ejemplo, ir a la playa.

De hecho, para quienes no lo saben, las personas que nos criamos en el sur y luego nos venimos más la norte, sufrimos con el calor. Hasta el día de hoy yo ando muy ligera de ropa, incluso en el invierno. Siempre digo, que acá llueve con calor.

Pero probablemente uno de los cambios que más me afectó (no de manera negativa) fue mi cambio de colegio. En Puerto Montt, estudié en colegio de mujeres y acá en Viña me matricularon en colegio mixto. Llegué a tercero medio y, al poco tiempo me hice conocida por ser la más tetona del colegio. Sí, no sólo de mi curso sino que de todo mi colegio. Mis enormes tetas, llamaban la atención de mis compañeras cuando nos veíamos desnudas al momento de bañarnos en educación física y obviamente, de mis compañeros. Me gané variados sobrenombres, como vaquita lechera, miss tetas y obvio Tetania (por mi nombre, obvio). Los primeros chicos en acercarse, fueron los con más personalidad, los ganadores chicos populares. A esos les marqué el camino rápidamente, porque ese tipo de hombres me aburren, son cuenteros y se creen la raja. Me agradaban los más tímidos, los más auténticos.

Para que dar la lata, al poco tiempo (unos tres meses) empecé a acercarme a uno de ellos y terminamos a pololear, fue mi primer pololo oficial, incluso lo lleve a mi casa y él a la suya. Yo creo que en la irresponsabilidad de la edad que tenía, él hubiese muerto por mí; ¿la razón?, no llevábamos ni una semana y yo la había dado la pasada. Yo no era virgen, el nunca había tocado ni una teta, menos ver a una chica desnuda.

Es importante que sepan que mis padres trabajaban y mi hermana mayor había entrado a la universidad y pasaba casi todo el día allá, por lo que pasaba casi todo el día sola en la casa. En ese tiempo no había jornada escolar completa y mis padres consideraban que no era necesario, por mi edad, tener a alguien que me cuidara. Creo haberles comentado, que mi familia era bastante liberal y respecto a cuestiones de sexualidad eran bastante frontales, por ello, mi mamá ya me hacía tomar pastillas y me había enseñado sobre el uso del condón.

Como verá, teniendo a mi disposición la casa, mi pololo venía a culiarme cada vez que podía. La verdad es que me acuerdo y estaba loco de placer, cuando descubrió lo rico que era meterla, lo quería hacer todo el tiempo. Yo lo pasaba súper bien y abría bien las piernas para comerme su pichula. Pero no les quiero hablar de la relación que tenía con él.

Pasó una vez, que mi pololo (no quiero poner su nombre ni inventarle uno), estaba con su grupo de amigos, de los cuales yo también comencé a hacerme amiga. Era uno de los recreos del colegio. Yo me acerqué a hablar con ellos y estaban riéndose. Yo, como buena mujer perseguida, pensé que estaban riendo de mi, así que les pregunte que pasaba. Me dijeron que no se estaban riendo de mi, sino que de uno de ellos (el cual estaba ahí presente). Uno de ellos, dijo ¿quieres saber porque? Y todos estallaron en risa. El aludido se urgió y empezó a calmar la cosa, diciendo que se callaran.

En la tarde, en mi casa con mi pololo, le pregunté que porque se estaban riendo. No me quería decir. Cuento corto, lo chantajee con el poto “o me dices o hoy día no pasa nada”. La verdad es que era pura curiosidad, nada más. Y obvio, la calentura puede más, ante la perspectiva de no poder montarme esa tarde, me contó lo siguiente: este amigo había tenido una experiencia algo graciosa con una chica (y ojo, que no poco común, yo tengo amigas que también han hecho lo que les contaré). Él tenía una especia de amiga con ventaja y al parecer ella, había accedido a culiar con él. Ella no había tenido nunca relaciones y no se habían tocado mucho. Pasó, que él tuvo la oportunidad de quedarse sólo en su casa y la invitó. Estaban de lo mejor atracando y él, a modo preliminar, le pidió que se lo chupara. Ella dijo que sí. Él se saco el cinturón, abrió sus pantalones y se los bajó.

Ante esa acción, la chica se encontró ante sus ojos, con un pico de proporciones enormes, es decir, una tremenda pichula, erecta, dura y deliciosa. Se echó para atrás, se paró y le dijo: “¡estaí hueón!, ¡ni cagando me metís esa huea!”. Se empezó a arreglar la ropa, él, desesperado empezó a sujetarla. Logro que se tranquilizara, pero no hubo caso, la pasión en ella había pasado a ser miedo y le dijo que lo dejaran para más adelante, que le iba a doler, bla bla. Este amigo se los contó a los demás y se burlaron de él.

El problema de mi pololo, fue que le contó la historia a la mujer menos indicada, era un tremendo pico al alcance de mi zorra. ¡Que me iba a costar terminar culiando con él! Además, siempre había querido tener la posibilidad de tener algo realmente grande en mi zorra. Así que ese mismo día juramente culiar con mi amigo. Como ven el tema de la fidelidad, sobretodo en esa época, era algo bien trivial para mí.  ¿Cómo lo logré? Se los contaré en mi próxima entrega, con un final absolutamente inesperado.

Marizorra Tetania


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