Junio 21st, 2010Los calzoncillos de mi primo mayor
Cuando tenía como 10 años, me iba de visita a la casa de una tía y gustaba de oler los calzoncillos de mi primo mayor.
Lo encontraba tan viril, tan fuerte, tan macho y a esa edad me excitaba hacerlo. Nunca nadie de mi familia ha sabido que soy gay, ya que siempre he sido un macho en todos los contextos, menos en lo sexual donde me gusta ser bien femenina y sumisa: creo que las mujeres y yo tenemos el deber de servir y satisfacer a nuestros machos, para eso estamos.
Mi primo siempre ha tenido una actitud homofóbica, demostrada en conversaciones, pero nunca hemos tenido problemas ya que como dije anteriormente, nadie sabe mi cuento.
Hoy tengo 25 años, y mi primo 31. La semana pasada me encontraba en su casa de visita y cuando se fue a bañar, inmediatamente fui a su pieza a ver si había algún calzoncillo ahí para oler y lo encontré. Era tan rico ya que él sigue siendo un macho, de muchas minas, de fuerza, de hombría y virilidad. Cuando los estaba oliendo, llegó a la pieza y me sorprendió: se quedó mirándome desde afuera para que yo no me diera cuenta pero yo seguir oliéndolo y gimiendo como mina mientras con la otra mano me masajeaba el culito y las tetillas. Yo sabía que me estaba mirando, pero hice como que no daba cuenta, ya que la sensación de placer era increíble: yo oliendo y el mirándome.
De repente abrió la puerta totalmente y de manera fuerte. Estaba frente a mí, con la toalla en su cintura, gotas de agua en sus musculosos pectorales; entonces caminó hacia mí rápidamente (como 3 pasos), me quitó el calzoncillo y llevó mi mano hacia su pene, el cual comencé a masajear, mientras el reclinaba su cabeza de placer. Permanecimos así unos 20 segundos y sin decirnos nada, saqué su toalla color burdeo y comencé a darle la mejor de las mamadas que haya hecho jamás. Luego se acostó en la cama y continué así. Llevé sus manos hacia mi cabeza para demostrarle que me apretara contra el si así lo quisiera y lo hizo. Me apretaba y hacia que me atorara con su gran pene que era exquisito, mientras yo estaba con una sensación de placer indescriptible ya que me encanta sentir que mi macho es quien tiene el control y que soy de su propiedad. Seguí así hasta que lo hice acabar, tragándome toda su leche… me sentía como una recién embarazada y la mina con más suerte del mundo.
Luego salí y me fui. Hoy fui a comer a su casa y fue como si nada hubiese pasado, hablamos de los partidos del mundial, etc.
Martin, 25 años. Santiago de Chile
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