Enero 18th, 2010Caliente por Naturaleza

Con mi marido, buscábamos en la red un sitio donde comprar algunas películas porno y nos encontramos con este sitio. En el mismo, se ofrecía ser columnista y me interesó tratar de escribir mis experiencias. Como ya supondrán por el título, soy una mujer de las llamadas calientes y debo reconocer que soy enferma de caliente.

Pero antes de ahondar en ello, creo que es importante describirme físicamente para que se hagan una idea de mí: mido 1,68 metros; soy de tez blanca; pelo liso, largo y castaño oscuro; ojos café; y de cuerpo soy una mujer bien formada; no soy delgada; pero tampoco entro en la categoría de gorda (para nada); por lo mismo, tengo piernas vistosas y; un buen poto. Claro, que lo más atractivo de mi cuerpo, son mis enormes y gordas tetas y lo digo en serio, tengo de esas tetas que no pasan desapercibidas y aunque no lo crean, aún se mantienen apuntando al cielo. Debo señalar, que me cuido físicamente, ya que es lo único que me ha permitido lograr cosas interesantes en mi vida. Quizás crean que he sido generosa con mi descripción, pero es la verdad, además si una no se ve atractiva, nadie lo va a hacer por una.

Como ven, soy de esas mujeres que no entran en la categoría de “minas lindas”, es decir, flaquitas, potito paradito y tetitas de tamaño justo, esas que cualquier cosa con la que se visten se ven bien. No, esa no soy yo, yo soy de esas minas “pa la guerra”, soy de esas minas que muchos hombres se dan vuelta a mirar, pero no porque hayan visto a una hermosura pasar, sino que acaban de ver un pedazo de carne pasar. Soy de esas mujeres, a las cuales los hombres les gusta pegarles una buena culiada y hacerles y decirles todo aquello que jamás y por ningún motivo le haría o dirían a sus parejas. El calificativo más usado para mi cuerpo es el de “rica”, no de linda.

Para que les quede bien claro, soy de esas mujeres que cuando tengo que ir a algo formal, como un matrimonio y tengo que ponerme vestido de fiesta, no me veo elegante, porque las tetas se me salen por todos lados y el culo se me ve grande con cualquier cosa. En ese tipo de fiestas siempre quedo con el sobrenombre de “la tetona”, “la culona” o “la mina con pinta de puta”. Si han escuchado a una mujer alguna vez pelar un matrimonio, sabrán perfectamente a que me refiero. Bueno, con todos esos antecedentes, creo que le ha quedado claro como soy físicamente y como relativamente es mi aspecto.

Como le había dicho, soy caliente, me gusta el pico (y a veces la zorra también, ja ja) y por eso escribo esta columna, porque quiero dar a conocer parte de mis experiencias, las cuales iré abordando de a poco; en esta presentación me daré a conocer de manera general: Desde los 13 años, me empezó a gustar el pico y de manera bastante apasionada. En esa época todavía estaba en el sur y tenía un grupo de amigos (del lugar donde vivía) que comenzaron a aprovecharse de esta amiguita que tantos deseos tenía de conocer la pichula. Así, empezamos a descubrir la sexualidad de manera bastante directa y sus picos fueron los primeros que toqué y chupé. Como supondrán al poco tiempo me gane variados sobrenombres, entre los más populares estaban: “puta” y “la chupapicos”. Yo en esa época estudiaba en colegio de mujeres y mis compañeras también me trataban de puta o de caliente y esto porque a mis amigas yo muy suelta de cuerpo les contaba las cosas que hacía (sin contar que con ellas también hacíamos algunas cosas ricas). Aparte, que desde chica me empecé a aprovechar de mi calentura, recuerden que en esa época no era común (como ahora) que las colegialas anduviéramos con plata, teníamos lo justo y nada más, ¡pero yo no!, porque ni tonta ni perezosa me di cuenta, que a mis amigos les podías pedir cosas a cambio de chuparles el pico o de que me corrieran mano. El caso, es que no se porque razón, no me importaba que mis amigas y amigos me trataran de puta, la verdad es que lo veía como algo gracioso y debe ser porque me entretenía mucho explorando mi sexualidad y no veía nada de malo en ello.

El problema, empezó a nacer cuando estaba un poco más grande, como comprenderán, ya el tema no se trataba de inocentes chupadas de pico a pendejos de 15 años; ahora se trataba de culiar y yo abría las piernas no sólo para que me la metieran por la zorra, sino que también le agarre gusto a que me la metieran por el poto. Claro, el efecto fue el previsto, los hombres que me conocían hablaban de mí como una perra; las mujeres como una puta de mierda y lo peores, eran a los pocos huevones a los que no les daba la pasada, esos me dejaban por el suelo. Ese tiempo (entre los 17 y 20 años) fue difícil, no era llegar y hacerme una amiga, recuerdo que me hice una amiga que me invitaba harto a su casa, hasta que me pillaron culiando con su hermano, la mamá me echo en pelotas a la calle, sin contar que antes me sacó la cresta por maraca; obvio que a mi amiga le prohibieron volver siquiera a mirarme.

Si el tema con las amigas fue difícil, imagínense como fue con los pololos. Si un chico empezaba a salir conmigo se producían dos consecuencias inmediatas: yo, inevitablemente me lo terminaba cagando y sus amigos apenas sabían quien era yo, lo hueviaban hasta que no podían más. Así las cosas, mis pololeos siempre eran un fiasco y no duraban nada.

En este punto, hago la siguiente reflexión: a muchos hombres probablemente le gusten mujeres como yo, bien calientes y fáciles, claro que les gustan las minas así sólo para culiar, porque cuando se trata de hacer pareja, la cosa cambia y quieren a una mina decentita y que no se la miren mucho. Los más “liberales”, le gusta que sus parejas sean “putas en la cama y damas en la sala”. A mi eso no me parece justo, lamentablemente en Chile, un hombre que se culea a varias mujeres es un ejemplo a seguir, mientras que una mujer que se la culean varios, es la puta del puerto. Eso provoca inevitablemente que la gran cantidad de minas calientes que existimos (y que no somos pocas) tengamos que sentirnos culpables o incluso intentar cambiar y reprimir nuestra sexualidad, sólo para tener pareja estable. Piensen algo: no existirían tantos hombres que engañan a sus mujeres, si no existieran mujeres calientes dispuestas a pasar por alto el hecho que están casados.

A los 17 años, quede embarazada y fue por huevona, justo cuando nos habíamos cambiado a vivir a Viña. Fue un tiempo en que pasaba el día con las piernas abiertas, culié hasta por la orejas. Por lo mismo, nunca supe quien fue el papá de mi hija. Se que puede sonar irresponsable y triste, pero quiero ser honesta y, además a la larga fue mejor, porque la pude criar como yo quise (algún día les hablaré de ello).

Mi embarazo, tuvo varias consecuencias positivas: una hija que amo mucho; no se me dañó el cuerpo, salvo lo normal (no volveré a tener las tallas de pantalones que tenía, ja ja); mis padres no me dejaron de lado y; afortunadamente lo caliente no se me pasó.

Con el hecho de tener a mi hija, me dedique a gozar la vida de otra manera y no me preocupe más de tener pareja ni de esas cosas. En el sexo, empecé a realizar variaciones y realizar practicas distintas, algunas fueron geniales y otras no tanto. Y como ustedes saben, cuando una nada espera, entonces todo llega.

A los 25 años, conocía al hombre que actualmente es mi marido, hombre excepcional y que me ha permitido ser la mujer que deseo ser. Para que ustedes sepan, mi marido es un “cornudo consciente”. Su máximo deseo fue conocer a una mujer como yo, es decir, puta. Se excita cada vez que le cuento mis aventuras y se vuelve loco cuando me lo cago con otro hombre. En otras palabras, es sumiso, goza con la humillación sexual, pero no esa de látigos ni golpes. Disfruta con la humillación mental, con saber que me acuesto con otros hombres y que los gozo enteros, le encanta llegar a casa y que yo este hedionda a pico. Hombres no me faltan.

Con ese hombre me casé y he logrado plena felicidad, porque puedo ser como realmente soy y a él le gusta que así sea.

Como ven, tengo mucho material para contar en esta columna y los invito a que me escriban para hacerme comentarios, preguntas, proponerme temas o si quieren que escriba respecto a algo determinado de mi vida. Intentaré responder a través de la misma columna, la cual espero les guste.

Por último, quiero terminar contándoles cual fue mi sobrenombre durante el colegio, fue el que más me gustó y si quieren pueden usarlo: como ya saben mi nombre es Marisela Tatiana y me decían “Marizorra Tetania”.

Desde Viña, con las piernas abiertas, le envío un rico beso para todos en su hermosa pichula.

Marizorra Tetania

Enero 18th, 2010Infidelidad justificada

Aquí estoy de vuelta para poder compartir con ustedes parte de mis experiencias. Desde ya, quiero agradecer a javier, que me escribió a mi correo y me dio como idea, escribir sobre el engaño a mis primeros pololos y como me gané mi fama de puta. Recojo el guante, así que aquí va esta segunda historia.

Como les conté en mi primera entrega, parte de mi vida la pasé en el sur, específicamente hasta los 16 años. A esa edad, mis padres decidieron por motivos laborales cambiarse a vivir a Viña del Mar. Nos vinimos todos, mis padres y mi hermana mayor y yo. Cambio radical en todo aspecto, no sólo por la ciudad misma, sino que por su clima y por una serie de actividades que en el sur no se pueden realizar con mucha cotidianidad, como por ejemplo, ir a la playa.

De hecho, para quienes no lo saben, las personas que nos criamos en el sur y luego nos venimos más la norte, sufrimos con el calor. Hasta el día de hoy yo ando muy ligera de ropa, incluso en el invierno. Siempre digo, que acá llueve con calor.

Pero probablemente uno de los cambios que más me afectó (no de manera negativa) fue mi cambio de colegio. En Puerto Montt, estudié en colegio de mujeres y acá en Viña me matricularon en colegio mixto. Llegué a tercero medio y, al poco tiempo me hice conocida por ser la más tetona del colegio. Sí, no sólo de mi curso sino que de todo mi colegio. Mis enormes tetas, llamaban la atención de mis compañeras cuando nos veíamos desnudas al momento de bañarnos en educación física y obviamente, de mis compañeros. Me gané variados sobrenombres, como vaquita lechera, miss tetas y obvio Tetania (por mi nombre, obvio). Los primeros chicos en acercarse, fueron los con más personalidad, los ganadores chicos populares. A esos les marqué el camino rápidamente, porque ese tipo de hombres me aburren, son cuenteros y se creen la raja. Me agradaban los más tímidos, los más auténticos.

Para que dar la lata, al poco tiempo (unos tres meses) empecé a acercarme a uno de ellos y terminamos a pololear, fue mi primer pololo oficial, incluso lo lleve a mi casa y él a la suya. Yo creo que en la irresponsabilidad de la edad que tenía, él hubiese muerto por mí; ¿la razón?, no llevábamos ni una semana y yo la había dado la pasada. Yo no era virgen, el nunca había tocado ni una teta, menos ver a una chica desnuda.

Es importante que sepan que mis padres trabajaban y mi hermana mayor había entrado a la universidad y pasaba casi todo el día allá, por lo que pasaba casi todo el día sola en la casa. En ese tiempo no había jornada escolar completa y mis padres consideraban que no era necesario, por mi edad, tener a alguien que me cuidara. Creo haberles comentado, que mi familia era bastante liberal y respecto a cuestiones de sexualidad eran bastante frontales, por ello, mi mamá ya me hacía tomar pastillas y me había enseñado sobre el uso del condón.

Como verá, teniendo a mi disposición la casa, mi pololo venía a culiarme cada vez que podía. La verdad es que me acuerdo y estaba loco de placer, cuando descubrió lo rico que era meterla, lo quería hacer todo el tiempo. Yo lo pasaba súper bien y abría bien las piernas para comerme su pichula. Pero no les quiero hablar de la relación que tenía con él.

Pasó una vez, que mi pololo (no quiero poner su nombre ni inventarle uno), estaba con su grupo de amigos, de los cuales yo también comencé a hacerme amiga. Era uno de los recreos del colegio. Yo me acerqué a hablar con ellos y estaban riéndose. Yo, como buena mujer perseguida, pensé que estaban riendo de mi, así que les pregunte que pasaba. Me dijeron que no se estaban riendo de mi, sino que de uno de ellos (el cual estaba ahí presente). Uno de ellos, dijo ¿quieres saber porque? Y todos estallaron en risa. El aludido se urgió y empezó a calmar la cosa, diciendo que se callaran.

En la tarde, en mi casa con mi pololo, le pregunté que porque se estaban riendo. No me quería decir. Cuento corto, lo chantajee con el poto “o me dices o hoy día no pasa nada”. La verdad es que era pura curiosidad, nada más. Y obvio, la calentura puede más, ante la perspectiva de no poder montarme esa tarde, me contó lo siguiente: este amigo había tenido una experiencia algo graciosa con una chica (y ojo, que no poco común, yo tengo amigas que también han hecho lo que les contaré). Él tenía una especia de amiga con ventaja y al parecer ella, había accedido a culiar con él. Ella no había tenido nunca relaciones y no se habían tocado mucho. Pasó, que él tuvo la oportunidad de quedarse sólo en su casa y la invitó. Estaban de lo mejor atracando y él, a modo preliminar, le pidió que se lo chupara. Ella dijo que sí. Él se saco el cinturón, abrió sus pantalones y se los bajó.

Ante esa acción, la chica se encontró ante sus ojos, con un pico de proporciones enormes, es decir, una tremenda pichula, erecta, dura y deliciosa. Se echó para atrás, se paró y le dijo: “¡estaí hueón!, ¡ni cagando me metís esa huea!”. Se empezó a arreglar la ropa, él, desesperado empezó a sujetarla. Logro que se tranquilizara, pero no hubo caso, la pasión en ella había pasado a ser miedo y le dijo que lo dejaran para más adelante, que le iba a doler, bla bla. Este amigo se los contó a los demás y se burlaron de él.

El problema de mi pololo, fue que le contó la historia a la mujer menos indicada, era un tremendo pico al alcance de mi zorra. ¡Que me iba a costar terminar culiando con él! Además, siempre había querido tener la posibilidad de tener algo realmente grande en mi zorra. Así que ese mismo día juramente culiar con mi amigo. Como ven el tema de la fidelidad, sobretodo en esa época, era algo bien trivial para mí.  ¿Cómo lo logré? Se los contaré en mi próxima entrega, con un final absolutamente inesperado.

Marizorra Tetania


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