Enero 18th, 2010Infidelidad justificada
Aquí estoy de vuelta para poder compartir con ustedes parte de mis experiencias. Desde ya, quiero agradecer a javier, que me escribió a mi correo y me dio como idea, escribir sobre el engaño a mis primeros pololos y como me gané mi fama de puta. Recojo el guante, así que aquí va esta segunda historia.
Como les conté en mi primera entrega, parte de mi vida la pasé en el sur, específicamente hasta los 16 años. A esa edad, mis padres decidieron por motivos laborales cambiarse a vivir a Viña del Mar. Nos vinimos todos, mis padres y mi hermana mayor y yo. Cambio radical en todo aspecto, no sólo por la ciudad misma, sino que por su clima y por una serie de actividades que en el sur no se pueden realizar con mucha cotidianidad, como por ejemplo, ir a la playa.
De hecho, para quienes no lo saben, las personas que nos criamos en el sur y luego nos venimos más la norte, sufrimos con el calor. Hasta el día de hoy yo ando muy ligera de ropa, incluso en el invierno. Siempre digo, que acá llueve con calor.
Pero probablemente uno de los cambios que más me afectó (no de manera negativa) fue mi cambio de colegio. En Puerto Montt, estudié en colegio de mujeres y acá en Viña me matricularon en colegio mixto. Llegué a tercero medio y, al poco tiempo me hice conocida por ser la más tetona del colegio. Sí, no sólo de mi curso sino que de todo mi colegio. Mis enormes tetas, llamaban la atención de mis compañeras cuando nos veíamos desnudas al momento de bañarnos en educación física y obviamente, de mis compañeros. Me gané variados sobrenombres, como vaquita lechera, miss tetas y obvio Tetania (por mi nombre, obvio). Los primeros chicos en acercarse, fueron los con más personalidad, los ganadores chicos populares. A esos les marqué el camino rápidamente, porque ese tipo de hombres me aburren, son cuenteros y se creen la raja. Me agradaban los más tímidos, los más auténticos.
Para que dar la lata, al poco tiempo (unos tres meses) empecé a acercarme a uno de ellos y terminamos a pololear, fue mi primer pololo oficial, incluso lo lleve a mi casa y él a la suya. Yo creo que en la irresponsabilidad de la edad que tenía, él hubiese muerto por mí; ¿la razón?, no llevábamos ni una semana y yo la había dado la pasada. Yo no era virgen, el nunca había tocado ni una teta, menos ver a una chica desnuda.
Es importante que sepan que mis padres trabajaban y mi hermana mayor había entrado a la universidad y pasaba casi todo el día allá, por lo que pasaba casi todo el día sola en la casa. En ese tiempo no había jornada escolar completa y mis padres consideraban que no era necesario, por mi edad, tener a alguien que me cuidara. Creo haberles comentado, que mi familia era bastante liberal y respecto a cuestiones de sexualidad eran bastante frontales, por ello, mi mamá ya me hacía tomar pastillas y me había enseñado sobre el uso del condón.
Como verá, teniendo a mi disposición la casa, mi pololo venía a culiarme cada vez que podía. La verdad es que me acuerdo y estaba loco de placer, cuando descubrió lo rico que era meterla, lo quería hacer todo el tiempo. Yo lo pasaba súper bien y abría bien las piernas para comerme su pichula. Pero no les quiero hablar de la relación que tenía con él.
Pasó una vez, que mi pololo (no quiero poner su nombre ni inventarle uno), estaba con su grupo de amigos, de los cuales yo también comencé a hacerme amiga. Era uno de los recreos del colegio. Yo me acerqué a hablar con ellos y estaban riéndose. Yo, como buena mujer perseguida, pensé que estaban riendo de mi, así que les pregunte que pasaba. Me dijeron que no se estaban riendo de mi, sino que de uno de ellos (el cual estaba ahí presente). Uno de ellos, dijo ¿quieres saber porque? Y todos estallaron en risa. El aludido se urgió y empezó a calmar la cosa, diciendo que se callaran.
En la tarde, en mi casa con mi pololo, le pregunté que porque se estaban riendo. No me quería decir. Cuento corto, lo chantajee con el poto “o me dices o hoy día no pasa nada”. La verdad es que era pura curiosidad, nada más. Y obvio, la calentura puede más, ante la perspectiva de no poder montarme esa tarde, me contó lo siguiente: este amigo había tenido una experiencia algo graciosa con una chica (y ojo, que no poco común, yo tengo amigas que también han hecho lo que les contaré). Él tenía una especia de amiga con ventaja y al parecer ella, había accedido a culiar con él. Ella no había tenido nunca relaciones y no se habían tocado mucho. Pasó, que él tuvo la oportunidad de quedarse sólo en su casa y la invitó. Estaban de lo mejor atracando y él, a modo preliminar, le pidió que se lo chupara. Ella dijo que sí. Él se saco el cinturón, abrió sus pantalones y se los bajó.
Ante esa acción, la chica se encontró ante sus ojos, con un pico de proporciones enormes, es decir, una tremenda pichula, erecta, dura y deliciosa. Se echó para atrás, se paró y le dijo: “¡estaí hueón!, ¡ni cagando me metís esa huea!”. Se empezó a arreglar la ropa, él, desesperado empezó a sujetarla. Logro que se tranquilizara, pero no hubo caso, la pasión en ella había pasado a ser miedo y le dijo que lo dejaran para más adelante, que le iba a doler, bla bla. Este amigo se los contó a los demás y se burlaron de él.
El problema de mi pololo, fue que le contó la historia a la mujer menos indicada, era un tremendo pico al alcance de mi zorra. ¡Que me iba a costar terminar culiando con él! Además, siempre había querido tener la posibilidad de tener algo realmente grande en mi zorra. Así que ese mismo día juramente culiar con mi amigo. Como ven el tema de la fidelidad, sobretodo en esa época, era algo bien trivial para mí. ¿Cómo lo logré? Se los contaré en mi próxima entrega, con un final absolutamente inesperado.